Historia de la Investigación Clínica parte 2: las bases, siglo XIX y XX

Jacqueline Robledo

INVESTIGACIÓN CLÍNICA

8/3/2021 0 min read

     En uno de nuestros posts anteriores, habíamos visto la historia antigua de la investigación clínica, desde el primer estudio registrado en la humanidad, en dónde menos hubiéramos pensado: en la Biblia; hasta el estudio más conocido, el del escorbuto, que es el que “oficialmente” se considera el primero de la historia moderna. Pero desde entonces, ¿cuáles han sido otros eventos importantes en la historia de la investigación clínica mundial, que la han hecho lo que es hoy en día?

     En 1800, se sentó una de las bases de la investigación clínica: el uso del placebo, definido como una sustancia inerte que no tiene ningún efecto sobre la enfermedad, mas que aquel dado por la sugestión. Seguramente han escuchado la palabra: es cuando al paciente se le hace creer que se le está dando un medicamento que lo va a curar, pero realmente se le da un sustituto, tal vez una píldora de azúcar, por ejemplo, y muchas veces el paciente mejora porque cree que va a mejorar, no porque la sustancia tenga un efecto real en el cuerpo humano. ¡El efecto de la mente sobre el cuerpo es impresionante! El primer estudio documentado utilizando un placebo se hizo en 1863, donde el estadounidense Austin Flint (solo Flint, no Flintstone) dio a 13 pacientes con reumatismo un extracto de hierbas en lugar del remedio medicinal convencional, con un efecto favorable en la mayoría de los pacientes. ¿Sería sugestión?, o ¡tal vez las hierbas en el placebo sí tenían algún efecto! En otro post veremos toda la historia y evolución de los placebos.

     En 1887, se creó el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, (NIH, por sus siglas en inglés, que por cierto, ahora es en plural), fundado por Joseph J. Kinyoun, y hasta la fecha es la fuente de mayores fondos para la investigación clínica en el mundo, con 30 mil millones de dólares anuales. ¡Ojalá todos los países tuvieran el mismo presupuesto!

     En 1906, también en Estados Unidos, se creo el Acta de Alimentos y Fármacos Puros de la FDA, por el presidente Theodore Roosevelt (sí, el mismo al que deben su nombre los ositos de peluche en inglés, teddy bears), cuya aplicación regulaba que los alimentos y medicamentos no se podían vender para otro propósito que no fuera el indicado en su etiqueta, así como prohibía la transportación entre estados de alimentos y fármacos no aprobados por la ley.

     Es hasta 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, donde otra vez nos encontramos al Conde Pátula (¡hay un tema recurrente en nuestros posts!), ya que se probó un fármaco nuevo bautizado en su nombre, la patulina, contra el resfriado común, en el Reino Unido, siendo el primer estudio doble ciego, lo que significa que ni los doctores ni los pacientes saben a quiénes se les está dando el placebo y a quiénes el medicamento real, solo queda en un registro que se devela hasta que concluye el estudio, para que no haya ninguna predisposición en los resultados. Se probó en más de mil personas, y fue un paso importante, aunque los resultados del ensayo no demostraron que la patulina fuera eficaz.

     Solo tres años después, se realizó el primer ensayo aleatorizado, para determinar la eficacia del antibiótico estreptomicina contra la tuberculosis, encabezado por Sir Austin Bradford Hill (¡él también se llamaba Austin, ya es el segundo en este artículo!). Esto quiere decir que se elige totalmente al azar quienes recibirán el medicamento a probar y quiénes el placebo (o nada), ya que en ensayos anteriores, algunos doctores ponían el en grupo control (sin medicamento) a los pacientes más enfermos, y en el grupo experimental (el que recibe el medicamento) a los menos enfermos, para hacer creer que la mejoría era realmente por el medicamento. La aleatorización se convirtió en el nuevo estándar universal para todos los ensayos, llamándole a esta la “nueva era de la investigación clínica”.

     Entre el estudio del escorbuto, y hasta el fin Segunda Guerra Mundial, se realizaron muchos ensayos clínicos con diferentes grados de éxito en todo el mundo, y con distintos tipos de ética en el manejo de sus pacientes. Existieron muchos estudios desafortunados donde, a pesar de las buenas intenciones de los médicos e investigadores, los pacientes no tuvieron buenos resultados (como es el caso del estudio de los folatos de Dr. Farber, del cual puedes escuchar en el primer capítulo de nuestro podcast), o investigaciones sin consentimiento de los pacientes, por lo cual surgieron códigos de ética para el tratamiento justo de los voluntarios de los ensayos clínicos. Algunas de estas historias son increíbles, pero no por buenas razones, sino por la falta de humanidad de muchas personas. De esto y más hablaremos en nuestros próximos posts y podcasts.

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Fuentes:
- Bhatt A. (2010). Evolution of clinical research: a history before and beyond James Lind. Perspectives in clinical research1(1), 6–10.
- http://www.clinicalresearchassociatecra.com/history/
- https://theconversation.com/the-fascinating-history-of-clinical-trials-139666
- Evolution of clinical trials throughout history, https://mds.marshall.edu/cgi/viewcontent.cgi?referer=&httpsredir=1&article=1101&context=mjm
- The History of Clincal Research, Imarc Research, 2018.

Imágenes:
- Patulina, Artículo publicado en el Sunday Express, 31 Oct 1943. National Archives, FD1/3155 
- Sir Austin Bradford Hill, Wellcome CollectionCC BY

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